El centralismo y la
crisis de las regiones
Esta semana estuve por el norte minero y comprobé que este
año ha sido durísimo para esas regiones. En materia de desastres naturales, el
aluvión del 25 de marzo en Chañaral, Diego de Almagro, Salado, Copiapó y Vallenar, sigue con sus
consecuencias sobre ciudades y cultivos.
Han pasado casi 9 meses y la realidad que pude constatar esta semana en
la Región de Atacama es muy grave, pues al daño en infraestructura que sufrió
la región, la destrucción del viejo tren minero que unía Potrerillos con
Barquito, el embancamiento del puerto de Barquito en Chañaral, los daños enormes
a la ciudad por los relaves y barros, la ciudad de Copiapó con sus principales
calles aún en reparación, se ha sumado una caída profunda de la actividad
minera, que dio por casi 10 años un pleno empleo al norte.
Pero ese boom ha
terminado y es allí, en Atacama, donde más se siente. Se ha paralizado
prácticamente la exportación de fierro, empresas de cobre han reducido o
cerrado faenas. Situación similar se vive en Antofagasta y Tarapacá, aunque
esta última región tiene la Zona Franca de Iquique y proyectos de energía solar
en Calama. En general, los despidos en la minería son elevados, Codelco ha
desvinculado casi 3000 “viejos” supervisores; Collahuasi, Escondida han hecho
lo propio con reducciones que alcanzan al 25% de sus planteles, el impacto
sobre los contratistas que giran en torno a los campamentos mineros es
tremendo. Esto impacta en todo el país ya que muchos viejos operarios provenían
del sur de Chile.
La crisis ha sorprendido a Chile mirándose el ombligo con el
Trasantiago y las regiones extremas quedan desprotegidas, sin planes de
reconversión productiva, sin que se hayan hecho a tiempo, durante el período de
bonanza, inversiones necesarias como embalses, ferrocarriles, plantas
desalinizadoras que revitalizaran las economías , viabilizando la agricultura
del desierto y la acuicultura. La ausencia de Estado, el asistencialismo
reactivo, han profundizado esta crisis. Como respuesta social, tardíamente, se
tratan de levantar movimientos transversales de regionalistas que buscan que el
centralismo resigne recursos hacia las regiones, pero eso es retórico, más bien
el intento de lavarle la imagen a la coalición gobernante, que ha tenido una visión
colonialista de las regiones, designando a dedo los candidatos a Seremis, a
Consejeros Regionales, a Alcaldes y Concejales. Los que filtran esas
designaciones son senadores o diputados caudillos que tienen feudos de poder intocables, que
niegan toda participación real a los líderes locales. En este contexto, se
advierte con dramatismo que la gente emprendedora se empobrece y el ánimo de
innovación y propuestas se va apagando. La causa principal de la frustración es
ver que políticos que han metido la mano en la lata, que han arrasado con
presupuestos comunales o han estado a punto de ser acusados por malversación de
recursos municipales, andan muy campantes repostulándose y tienen el descaro
suficiente de colocar a parientes cercanos, armar las listas de candidatos para
las municipales a puertas cerradas, en las cocinas de siempre.
La sociedad
civil los repudia en las conversaciones, pero no se articula orgánicamente en una
respuesta fuerte que pase por propuestas políticas alternativas. Es necesario
entender que el centralismo no entregará gratis nada a las regiones, que habrá
que levantar un poder regional que rompa los estancos y las malas prácticas
politiqueras que nos tienen donde estamos. Y no basta con ir a marchar a
Santiago, el centralismo es impermeable y sólo apaga incendios.
En
conversaciones con emprendedores y gente independiente de Atacama, se comprueba
que las soluciones tienen que tener más peso y la gran chance es inscribir a
líderes locales por fuera de los partidos oficiales. ¿Se animarán las regiones
a cortar amarras tutelares? Es la pregunta que quedó boteando en el área chica.
Periodismo
Independiente, 22 de noviembre de 2015, @hnarbona en Twitter.
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