Nos vendieron por décadas el ser los jaguares de América Latina, los
ingleses, los serios y correctos, a diferencia de los vecinos; y la
institucionalidad funcionó bajo esa falacia desde el período de dictadura en
adelante. Sin embargo, el periodismo alternativo, principalmente a través de
los blogs, de los centros de investigación, desde las catacumbas, fue generando
una información que daba cuenta de episodios que se ubicaban en el área gris de
la política y los negocios, toda vez que la prensa escrita independiente fue
quebrando y desapareciendo en los primeros años del retorno a la democracia. A
través de columnas en esos medios alternativos se pudo delinear la ruta de la
corrupción, como piedritas blancas en el bosque, que pudieran ubicar al
investigador, a los historiadores, pero con bajo impacto masivo.
Quiero saludar a ese periodismo
de investigación. Conocí la ONG Periodistas
Frente a la Corrupción el año 2004, cuando publiqué en su Revista Probidad un ensayo
periodístico sobre los Contratos BOT, Building, Operate and Transfer, a
propósito de los casos de corrupción de MOP GATE y MOP CIADE. Recordemos como
hito de la corrupción, esos episodios en que se coludieron autoridades del
Ministerio de Obras Públicas con Contratistas, poniéndose de acuerdo para sobre
valorar los contratos y desviar esos recursos a los encargados de contratar y de
fiscalizar las obras. A estas verdaderas coimas el cinismo político las llamó
como “Caso de sobresueldos”. La Ministra Ana Gloria Chevesich fue encargada de investigar
el caso, sufrió funas, le robaron los computadores, la presionaron, pero casi heroica
dictó sentencia. El ensayo en cuestión demostraba que la estrategia de
concesiones y Joint Ventures público-privadas no es mala y puede funcionar y ha
funcionado en muchos países en forma excelente como herramienta de desarrollo, pero
si se transparenta y descentraliza su contratación y gestión, es decir, si no
se corrompe.
En general, el chileno hasta este
año, no asumía que nuestra sociedad padecía esta pandemia de la corrupción, se
pensaba un “nunca tanto”, pese a una larga cadena de episodios que hablaban de
falta de fiscalización del Estado, con abusos y colusiones que perjudicaban a
la gente con casi total impunidad, colusiones de las telefónicas, de las
farmacias, el caso La Polar, el caso Inverlink, colusión de los pollos, abusos
del patito malo de Banco Estado sobre los ahorristas, el crédito universitario
CORFO que mandaron a la banca con un interés leonino, enormes condonaciones a
Johnson, el contrabando perdonado a Cencosud, las platas jamás rendidas de las
reconstrucciones, y un largo etcétera, pero los chilenos preferíamos pensar que
la corrupción era problema de los vecinos, no de nosotros.
Pero ha sido este año que termina
cuando se ha abierto la caja de Pandora y los efluvios han recorrido nuestro
largo y estrecho territorio. Partiendo por el Caso Caval, donde el hijo y la
nuera de la Presidenta de la República accedieron a un crédito otorgado
personalmente por el dueño del Banco de Chile, el banco de la Teletón, Andrónico
Luksic, en una operación financiera imposible, que se sustentaba en una
maniobra de cambio de uso de suelos en Machalí que se manejaba por cuerdas
separadas y cuya clarificación está en manos de la Justicia. Fue el caso que
reventó en el verano y de allí se precipitaron hechos concatenados. La Generación
90, liderada por el Ministro de Interior, Peñailillo, es acusada de haber hecho
recolección de fondos para la pre-campaña de Michelle Bachelet, solicitando por
las suyas, aportes nada menos que a SQM,
la empresa del yerno de Augusto Pinochet, Julio Ponce Lerou. ¿Cómo explicar que
en esas prácticas se justificaran los aportes con supuestos servicios jamás
entregados, usando boletas truchas, finamente llamadas “ideológicamente falsas”?
Mientras se conocía el caso
PENTA, que involucró a personeros de la UDI, toda vez que el Grupo Penta ayudó
a financiar las campañas políticas a Andrés Velasco, Ivan Moreira, Enna
von-Baer, Golborne, Zalaquett, entre otros. habiendo sido condenado a la fecha
Jovino Novoa; en paralelo corrían este año los casos Caval y Soquimich. En el
primero la clarificación se ha ido dilatando, mientras que el caso SQM ha impactado
en destacados políticos de la Nueva Mayoría y, entre otros, el periodista
Cristián Warner, quien asesoró a Marco Enríquez-Ominami en sus campañas y pidió
financiamiento a Patricio Contesse, Gerente de SQM y brazo derecho de Julio
Ponce Lerou. Marco Enríquez Ominami, MEO, dilató su comparecencia como imputado
ante el Ministerio Público, pero lo más grave para él es tener que explicar esa
relación contraria a toda ética, que lo vincula nada menos que al yerno de
Pinochet. La crisis de credibilidad ha sido transversal. A las oficinas del
Ministerio Público han concurrido connotados personajes, como Andrónico Luksic,
Roberto Angelini, Julio Ponce Lerou, Eliodoro Matte.
Este último saltó al tapete a
raíz de la colusión del papel higiénico, que tiró por los suelos su imagen
íntegra. Aunque Eliodoro Matte pidió disculpas, los consumidores le pagamos más
de 500 millones de dólares en nuestra scompras mensuales, luego de 10 años de
sobre precios a este bien de primera necesidad. La corrupta Ley de Pesca ha
tenido sus propios ribetes, con el Senador Orpis y la ex diputada Marta Isasi como protagonistas.
Guinda del pastel ha sido el Dictamen de Contraloría que declaró la ilegalidad
e improcedencia para una operación de fusión de Cuprum con la AFP de papel,
Argentum, que había defendido y autorizado la Superintendenta de AFP, Támara
Agnic, hoy renunciada, con el gobierno obligado a deshacer dos operaciones
similares que se venían articulando en medio de todo este caos institucional,
con gigantescas elusiones de impuestos que habrían perjudicado al erario
público. Los robos de agua, sancionados como faltas administrativas en los
valles de Petorca y La Ligua, son también emblemáticos en la ruta de la
corrupción, por las trenzas de
intocables que han estado detrás del despojo.
Los espacios de este reportaje no
alcanzarían para enunciar cada uno de los episodios de corrupción que han
estallado este año. Los municipios han sido un sector especialmente crítico,
pero también los Gobiernos Regionales, como los casos de Iquique y Valparaíso,
con episodios turbios que no se alcanza a visualizar en este tsunami de corrupción
que ha explotado por doquier. El "milico-gate" es un caso en desarrollo por platas que se robaron de un fondo estratégico de la Defensa Nacional, que se genera anualmente con el 10% de las exportaciones de cobre. En la JUNAEB, Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, la corrupción ha caminado por las compras de alimentos a proveedores con sobre precios. Suma y sigue.
La Comisión Engels por la
Probidad y la Transparencia fue la reacción del gobierno frente al escándalo
del caso Caval. Sus propuestas sensatas y republicanas hicieron agua en el
Congreso, ya que a los honorables no les conviene una fiscalización y
transparencia que los expondría al juicio ciudadano. Están acostumbrados a las
cocinas discretas. Por ello, se empantanó la normativa propuesta por Engels,
quien terminó quejoso denunciando estos problemas en una columna de prensa.
En definitiva, este año 2015,
hemos perdido la compostura y hemos quedado desnudos en la plaza pública. Hasta
el fútbol aportó su gran escándalo con el ex Presidente Sergio Jadué sacado por
el FBI de Chile para prestar delación compensada sobre todas las platas, coimas
y lavado de activos de la FIFA. Situación que ha repercutido en el gobierno,
tan inclinado a visitas de camarín y selfis con los jugadores de la roja. Hoy
la corrupción tiene al fútbol en profunda crisis, por lo que estamos cerrando
el año en un escenario de desgaste moral inédito. Perdimos la inocencia, podrán
decir muchos. Porque el recuento de este 2015 ha sido lapidario a diestra y
siniestra y son muy pocos los justos que, al igual que en Sodoma y Gomorra,
puedan mostrar sus manos limpias.
Periodismo Independiente, 20 de
diciembre de 2015.
La verdad nos hará libres

